Me
dirijo hacia la puerta e introduzco la llave en la cerradura consciente de que
será la última vez que lo haga. Me dispongo a salir firme y decidida cuando una
corazonada, un impulso, me recuerda que hay objetos que llevan permaneciendo
mucho tiempo en el mismo lugar y debo cambiarlos, quizás a él le hagan falta en
ese mundo mejor. Una vez que todo está ocupando su lugar cierro la puerta dando
portazo y abandono mi casa, mi hogar, mi vida, para no volver jamás.
Se
escucha una sirena, la ambulancia y el coche de policía avanzan por la calle a
toda prisa. Un vecino ha dado la voz de alarma. Algo extraño pasa en esa casa,
ha habido movimiento dentro de ella y a penas son las tres y cuarto de la madrugada,
la casa solo está habitada por una pareja de ancianos que no suelen salir
debido a la reciente pérdida de sus hijos y nietos en un accidente de tráfico.
El
policía de mayor rango es el primero en avanzar hasta el jardín, la casetilla
de las herramientas está abierta y no hay nada en su interior, todo parece
descuidado y al entrar en la casa le sorprende lo ordenadas que están las cosas.
Mira a su alrededor y no ve a nadie, da una voz y nadie contesta. Supone que ha
sido un error y sube arriba a comprobar que los ancianos están durmiendo.
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