El
corazón se le paraliza durante unos segundos cuando abre la puerta. La escena
es demasiado macabra para ser real. En la cama lo único que hay es sangre, pero
en la pared el cuerpo sin vida del anciano se mantiene erguido debido a la hoz
que está clavada en la pared, también tiene una bufanda roja anudada en el
cuerpo.
El
policía abre la ventana, una fría brisa le acaricia la mejilla y en el cuarto
entran hojas secas procedentes del jardín. Mira con ansiedad hacia todos lados
pero lo único que ve es a una anciana sentada en la parada del autobús, parece
tener frío y su expresión es tranquila y relajada.
Hace
algo de frío mientras espero al taxi en la parada, nunca he estado tan
aliviada, sé que he hecho lo correcto. Mi marido es la persona que más quiero
en este mundo, no puedo dejar que cada minuto que pase la edad le consuma poco
a poco y sea testigo de mi muerte, como lo ha sido de la de nuestros hijos. Me
siento feliz porque la última estación de su vida le ha llegado de forma
inesperada, además tenía la bufanda de lana roja y no pasará frío en el camino.
Un policía se asoma impaciente por la ventana de nuestro dormitorio y me mira,
miro hacia otro lado y pongo un semblante tranquilo, de hecho lo estoy, ¿quién
va a sospechar de una pobre anciana?
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