viernes, 27 de febrero de 2015

Parte 3/5


Los ojos, la mirada, es lo único que reconozco de lo que alguna vez fui. Me fijo en ellos ya que son los únicos que quiero ver reflejados, parecen un mar negro lleno de conocimiento, recuerdos, sabiduría, cariño, aprecio, cada persona importante de mi vida ocupa un hueco en lo que se dice que son el espejo del alma. Aunque también percibo sentimientos tan negativos en ellos que no soy capaz de afrontar y me niego a hacerlo.

Mis manos antes tersas y firmes ahora están arrugadas y secas. Se pueden ver las venas sobresalir de ellas, en busca de más espacio en el que la sangre pueda fluir y llegar con urgencia al corazón para ayudar a que se produzca otro latido, otra señal de vida. El cabello está nevado por el invierno y por la falta de luz se puede ver a través de la piel, la cual ha ido haciendo surcos alrededor de las comisuras de los ojos, de la boca, testigos de un largo y duro trabajo, el trabajo de construir una vida.

La casa tiene un silencio que no tenía ayer y que no durará mucho tiempo. Disfruto paseando por las salas, avanzo y retrocedo en mis recuerdos. Miro la hora, son las tres de la madrugada, el taxi no llegará a por mí hasta dentro de una hora, pero prefiero salir de la casa ya que la ansiedad y la angustia me están comenzando a invadir.

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